¿Cuál es el Güegüence que corre en nuestra sangre?

(Publicado en Artículos el 1 de febrero, 2004)

GüegüenceAl grano: un elemento que siempre estará en nosotros es la sangre Güegüence, la sangre del viejo embustero, la sangre del viejo pícaro y bandido, pilar de nuestro folclor, pequeña voz en nuestro inconsciente colectivo que guía al espíritu del nicaragüense, perdurando en el tiempo y constituyéndose no sólo como símbolo de nuestra idiosincrasia, sino además de nuestra propia realidad político-social histórica, ya que en él se definen la nacionalidad, la forma de ser y comportarse, la relación con el mundo y con la autoridad de todo pinolero. Para comprender nuestra realidad política actual, no hay mejor manera que la de repasar la figura del pintoresco Güegüence.

En primer lugar, en “El Nicaragüense”, PAC establece una analogía entre el nicaragüense y el Güegüence. Señala como características típicas del nicaragüense: el ser alegre, desconfiado, mentiroso, vagabundo, presumido, burlesco, irónico, decidor de frases de doble sentido, protestador por los constantes impuestos que "le vacían la caja", sordo por conveniencia, pícaro con las palabras y con la falsa sordera (sobre todo cuando le cobran) y malicioso. Estos rasgos se encuentran en el Güegüence que, «a pesar de nacer en el momento inicial de nuestro mestizaje cultural, ya resume, en forma caricaturesca y satírica, todas las características que hemos venido anotando como propias del nicaragüense». PAC arguye en forma convincente que el Güegüence representa el prototipo del nica, ya que en su forma de ser, aventuras, artimañas, condición social y relaciones político-sociales, se encuentra una radiografía de la personalidad del nicaragüense.

Sin embargo, esta idea de unión Güegüence-Nicaragüense no trata de minimizar nuestra (rica y hermosa) cultura a la de un Güegüence embustero, sino de ilustrar a un personaje inconfundible que ha permanecido como parte de una descendencia general en el espíritu de nosotros los nicaragüenses. Sí sugiere que la construcción de instituciones sostenibles y un correcto Estado de Derecho requerirán de un enorme sacrificio (decadencia de la política nacional), pues en un parlamento el Güegüence dice: «estoy de acuerdo, pero no haré lo que estoy de acuerdo », con lo que demuestra (en una línea) lo que parece ser la sustancia de los seudos políticos nicaragüenses. Los parlamentos con doble y hasta triple sentidos, tanto como para aplaudir al poderoso caudillo como para ridiculizarlo, son una forma de preservación del Güegüence. Las tácticas medidas e inteligentes en su estrategia son el signo de distinción, como lo son el humor fuerte y una aparente dualidad entre un sentimiento de desaliento y el más fuerte sentimiento de esperanza, lo que se puede traducir en dos posibles roles para el Güegüence: el de indio apresado y el indio salvador potencial, mismos roles entre los cuales todos los nicaragüenses debemos elegir, y que para desafortuna del país, la mayoría de la población elige la del Güegüence que piensa que su futuro es lejano y por tanto, lo mejor es la lucha por sobrevivir día a día, valiéndose de herramientas, como la astucia, saber estirar las reglas sin romperlas, actuaciones “heroicas” oportunistas y la sabiduría, para ganar ventajas personales donde y como sea posible, actos que no dejan de asombrar al lector por su semejanza de bisturí con la realidad actual. Lo mismo lo relacionamos con el comentario de que sólo los tontos siguen las reglas: la alusión inmediata es que uno para sobrevivir en Nicaragua, de la manera caótica en que hoy se encuentra organizada, a huevo, necesita ser Güegüence, el viejo embustero.

Pero no todo son tonalidades oscuras, ya que en la opinión de Mántica, «el espíritu rebelde y belicoso, la indomable sed de libertad y la disposición para levantarse en combate y rebelarse contra la opresión», son las mejores características de este personaje. Señala que no se puede ver la obra como la personificación del nicaragüense, porque aunque posea algunas de las cualidades negativas, no todos somos estafadores, sinvergüenzas e infieles. En esa misma línea el espíritu del Güegüence no se traduciría en embustería, sino en el espíritu constante de lucha cuando hay opresión, el espíritu de oponerse a los gobiernos corruptos, no porque sea la moda o por una enfermedad de llevar la contraria, sino por una conciencia crítica y un pensamiento ordenado y argumentado de que otra Nicaragua es posible si contamos con los elementos básicos de toda persona humana: sinceridad, respeto, ayuda, comprensión y honestidad. 

GüegüenceNo podemos dudar que todos somos Güegüences, pero podemos y debemos reflexionar cual Güegüence somos: aquel que se aprovecha de todas las artimañas y jugadas sucias para beneficio de ellos mismos, o aquel que busca la justicia en la injusticia, el orden en el caos, la ley en la anarquía, lo dulce en lo amargo, las acciones fuertes e inspirativas en medio de la desesperanza, como lo han demostrado nuestros héroes y mártires nacionales: Benjamín Zeledón, Sandino, Carlos Fonseca, Rigoberto López Pérez, por dar sólo un ejemplo de nuestra fábrica de Güegüences libertadores. La mayoría de nuestros políticos actuales ya han tomado una postura que dejan conocer en sus actos, pero cada uno de nosotros aún puede tomar la decisión de ser Güegüence libertador, y es tiempo de definir en que mando estamos. Esperemos que ese Güegüence que corre en nuestra sangre, ese mismo Güegüence arquitecto de nuestro destino, sea acorde a los problemas-nación, de lo contrario solamente estaremos renovando y reafirmando la misma dirección caótica que vivimos hoy en día. ¿Cuál de los dos Güegüences corre en su sangre, estimado lector?

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© Ulises Juárez Polanco v4 | JP, MD, y UJP | 564,953 visitas desde 21/09/2011
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