Una caverna para iluminar nuestros políticos

(Publicado en Artículos el 15 de febrero, 2004)

“Qué extraña escena describes, y qué extraños prisioneros. Son iguales a nosotros”
Platón. República, Libro VII.

El filósofo griego Platón presenta en el libro VII de “República” la alegoría (o mito) de la caverna, sin duda, el más importante de toda la filosofía, pues en él existen explicaciones a diversas realidades del hombre y de la naturaleza. Aprovecharé en este caso, para usarlo como explicación de como concibe Platón que deben ser los políticos ideales de cualquier país, y específicamente, servirá para dejar en evidencia la decadencia de nuestro sistema “político” histórico, sin mencionar lo escatológico de nuestros seudos políticos actuales.

PlatónPrimero, debemos detallar el escenario, para lo cual debemos imaginarnos a unos prisioneros que habitan una caverna subterránea. Estos prisioneros desde que nacen están encadenados e inmóviles de cuello, manos y pies, de tal modo que sólo pueden mirar y ver el fondo de la caverna. Detrás de ellos y en un plano más elevado hay un fuego que la ilumina; entre el fuego y los prisioneros hay un camino en el que se levanta una pared, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima de él, los muñecos. Por el camino circulan unos individuos, algunos de los cuales hablan, portando unas esculturas que representan distintos objetos: unos figuras de animales, otros de árboles y objetos artificiales, etc. Dado que entre los individuos que deambulan por el camino y los prisioneros se encuentra la pared, sobre el fondo sólo se proyectan las sombras de los objetos portados por dichos individuos. En esta situación los prisioneros creen que las sombras que ven y el eco de las voces que oyen son la realidad. Los prisioneros están encerrados, encadenados, a sus opiniones, conjeturas y especulaciones.

Es aquí donde entra el proceso de liberación. Supongamos que uno de los prisioneros, “de acuerdo con su naturaleza”, se liberase y pusiese de pie. Al volver hacia la luz y mirar hacia el otro lado de la caverna, el prisionero sería incapaz de percibir las cosas cuyas sombras había visto antes. Se encontraría confuso y creería que las sombras que antes percibía son más verdaderas o reales que las cosas que ahora ve, que son las reales. Si se le forzara a mirar hacia la luz del fuego le dolerían los ojos y trataría de volver su mirada hacia los objetos antes percibidos en la oscuridad. Pero poco a poco se acostumbraría a ver la luz, que representa el conocimiento.

Alegoría de la caverna

Si este cautivo liberado fuese al exterior de la caverna, donde está el sol, sentiría dolor y, acostumbrado a la oscuridad, no podría percibir nada. En el mundo exterior le sería más fácil mirar primero las sombras, después los reflejos en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación descubriría de noche lo que hay en el cielo y la luz de los astros y la luna. Finalmente percibiría el sol, pero no en imágenes (o en sombras, a como estaba antes acostumbrado) sino en sí y por sí. Después de esto concluiría, con respecto al sol, que éste es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto. El ascenso y contemplación de las cosas de arriba es semejante al camino del alma hacia el ámbito inteligible, del conocimiento. Y de igual manera, es doloroso como tal. Una vez que el liberado de las sombras sale de su caverna, se convierte en un filósofo. No se trata de esos filósofos de bolsillo que abundan en nuestros medios y universidades, sino de una persona que ha perseguido la sabiduría, y poco a poco la ha ido alcanzando.

No acaba aquí el mito, pues el liberado al recordar su antiguo nido, la ignorancia allí existente y a sus compañeros de cautiverio, se sentiría feliz y los compadecería: en el mundo subterráneo los prisioneros se dan honores y elogios unos a otros, y recompensas a aquel que percibe con más agudeza las sombras (que al final son sombras, nada más), al que mejor recuerda el orden en la sucesión de la sombras y al que es capaz de adivinar las que van a pasar. Esa vida le parecería insoportable. Platón hace entrar de nuevo el prisionero (ahora convertido en filósofo) al interior de la caverna para que dé la buena noticia a aquella gente prisionera de la oscuridad y esclavizada, queriéndoles hacer partícipes del gran descubrimiento que acaba de hacer, a la vez que debe procurar convencerles de que viven en un engaño, en la más abrumadora falsedad. Hay que hacer notar que si el cautivo liberado desciende y ocupa de nuevo su asiento tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, sería incapaz de entender las sombras, los demás lo harían mejor que él, se reirían de él y dirían que por haber subido hasta lo alto se le han estropeado los ojos y que no vale la pena marchar hacia arriba. Infructuoso intento de ayudarles, aquellos pobres trastornados desde la infancia le toman por un loco y se ríen de él. Incluso, si intentase desatarlos y hacerlos subir por la empinada ascensión hacia la entrada de la caverna, le matarían; así son los prisioneros: ignorantes, incultos y violentos.

Saliendo de la cavernaPero como el buen filósofo no puede limitarse a la mera contemplación de las ideas, tiene la obligación moral de volver su mirada hacia el mundo de la caverna y ayudar a la liberación de las demás personas, sin importar los riesgos. Es por eso que a pesar de todo lo anterior, cuando alguien ya liberado desciende decidido a ayudar a sus semejantes que aún se encuentran en la caverna, y logra sacar a otra persona, ayudándole a subir la escabrosa pendiente de la caverna (ignorancia), y enseñándole todo lo que ha aprendido, es cuando el filósofo deja de ser filósofo y se convierte en político.

Lección clara, pues, ¿quién sino al que le acompaña la sabiduría puede ayudar a los menos favorecidos? Así es que Platón concibe a los políticos, personificándolos como los máximos representantes de la naturaleza del hombre. ¿Cómo andan nuestros políticos? ¿Acaso no nos damos cuenta que nuestro país está guiado por políticos que aún siguen atados de mente y pensamiento, como cautivos propios de una caverna profunda? Y nosotros, ¿dónde estamos?

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© Ulises Juárez Polanco v4 | JP, MD, y UJP | 581,527 visitas desde 21/09/2011
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